Sombras de Invierno

17 12 2009

Están acurrucados, uno junto al otro y de rodillas. Él prende fuego a la hoguera mientras ella le tiende una mano sobre la espalda. Es de noche y hace frío en Beijing. No hay más luz que la que ofrecen los neones del restaurante de al lado: no es una gran avenida y, por tanto, no hay farolas, aunque no estás ni a 50 metros del rascacielos del Teatro Poly. Han salido de todas partes, sigilosamente, en la tarde. Son como sombras de invierno postradas en la calle para apagar el frío de esta inmensa urbe. Vas avanzando en la bici muy lentamente. La bruma confiere un aire místico a las fogatas. Parece una pista de aterrizaje de espectros. Te preguntas qué están haciendo, por qué hoy, por qué en medio de la calle, por qué en Beijing. Qué están quemando. Te sientes impotente. Ya has acumulado suficientes frustraciones lingüísticas para saber que de ningún modo lograrás comprender nada, por mucho que preguntes. Así que abusas de información privilegiada, haces un salto en el relato, vas al futuro, preguntas y vuelves. No olvidan a sus muertos. Están quemando dinero falso, billetes que se venden al peso en el mercado, para enviarlo a los difuntos y que puedan salir de apuros allá donde estén. Piensas que nunca se sabe, pero esperas que al menos de eso, de la plata, se pueda prescindir en el otro barrio… Dejas atrás las fogatas y te cuelas por la verja que da a la urbanización donde vives. Es curioso, aquí mucha gente, humilde y rica, sin distinciones, vive en condominios. Para indicar una dirección, dicen la zona y el condominio, no siempre la calle. Y les ponen los nombres más llamativos: El País de las Maravillas Internacional, La Ciudad del Sol, La Residencia de la Felicidad… El tuyo les quedó más modesto: El Almacén de la Puerta del Norte. Pero mola. Mola un huevo. Entras y ves a tu derecha la verja del patio del colegio. Por la mañana escuchas a los niños dando gritos en las clases de gimnasia. Lo único que te extraña es que no chillen más: hace un frío de muerte a las nueve de la mañana. A tu izquierda vez las mantas que cubren las cajas de un mercadillo de frutas. En una acera, a la derecha, hay unos diez aparatos de gimnasia dispuestos en línea. Hasta que llegaste a Beijing desconocías que hay abuelitas más ágiles que tú. Ahora las ves por las mañanas en sus aparatos, cuidándose. Poco más adelante hay un local algo misterioso. Tiene un montón de lámparas rojas, cilíndricas, como hechas de tela o papel, colgando de la fachada. Nunca has visto a nadie entrar o salir y, sin embargo, encienden puntualmente las luces cada día, como en cualquier negocio. Tu compañera de piso sospecha que es una casa de apuestas disfrazada de salón de té… En la época de Mao, las empresas estatales proveían residencias como éstas a los trabajadores en la ciudad, al igual que las comunas agrícolas lo hacían en el campo. También les daban atención sanitaria, escuelas para sus hijos, seguros por enfermedad y pensiones. Es decir, paradójicamente, el sistema de seguridad social de la China maoísta estaba fuertemente descentralizado. Con las enormes privatizaciones que comenzaron tras la muerte del Timonel en 1976 y el ascenso al poder de Deng Xiaoping todo este sistema se vino abajo. Y nada lo sustituyó. No te extraña que los chinos estén entre los más ahorradores del mundo, aunque ahora el Partido se ha propuesto convertirlos en alegres consumistas como tú y, para ello, tiene la intención de reconstruir en parte esas certezas básicas que hacen que la gente actúe más despreocupada… En fin, a lo que ibas. Has sudado la gota gorda para encontrar esta casa tan auténtica. Has pasado por cuatro o cinco agentes inmobiliarios y has visitado al menos 20 apartamentos. El proceso siempre fue el mismo: primero te llevan a un residencial internacional con botones en la puerta, caras blancas paseando por los jardines, arbustos recortados con formas geométricas y pisos muy monos, pero pequeños y caros; entonces les explicas que eso no es exactamente lo que buscas, que quieres algo más… auténtico. Es ahí que aparece esa cara que ya se te ha hecho tan familiar. Esos pequeños ojos chinos engrandecidos por el desconcierto. Te miran durante segundos y vuelven a preguntar y les vuelves a decir lo mismo y de nuevo la cara de desconcierto… hasta que, finalmente, llega la traducción tan esperada: un residencial local. Entonces dices que sí, que eso es lo que buscas, por mucho que no comprendes con certeza el alcance de esta palabra. Te llevan en bici, andando o en coche, a otro tipo de urbanización, sin botones, con edificios más viejos, con negocios de comida en la calle y puestos de verdura. Eso es más o menos lo que estás buscando. Entras en el apartamento y ves un salón relativamente amplio. Sin embargo, no hay ventanas, ni muebles, salvo por ese desvencijado sofá de color naranja que cubre la pared de enfrente, y, a pesar de todo, parece que no hay espacio, porque el suelo está plagado de objetos de todo tipo, desde una alfombrilla de baño a un secador. Vas a la cocina y se te cae el alma al suelo, hay grasa hasta en el bote de detergente. Te preguntas qué tiene esto de local. Te preguntas más bien si la mierda es una característica sine qua non de una urbanización local china. Miras al agente y le explicas que no quieres algo así, que te gustaría encontrar un sitio igual de amplio, en un residencial parecido, por un precio semejante, pero más ordenadito, un poco mejor amueblado, aunque sin lujos, y, sobre todo, sin mierda. En ese momento aparece de nuevo la cara de desconcierto. Sus ojos se clavan en ti. Te jode muchísimo que no te entienda. Llevas tres horas con una persona y aún no tiene ni puta idea de lo que quieres decir, a pesar de que lo intentas una y otra vez, a pesar de que habla un poco de inglés. Pero sabes que él también está frustrado y cansado porque no te comprende. Así que al final aceptas lo inevitable y te dices que el camino del mutuo entendimiento va a ser muy duro, más que en ningún otro lugar que hayas conocido. Además, en un golpe de suerte, encontraste exactamente el piso que buscabas. Y es cojonudo. No hay por qué quejarse. Menos ahora que está oscuro y es de noche, que estás escribiendo tu blog en casa con la calefacción a todo gas y una manta en el regazo y lees que afuera hace menos cinco grados; menos ahora que escuchas afuera el movimiento de las grúas… y sabes que bajo las grúas hay cientos de campesinos que persiguen su propio sueño en la gran ciudad escarbando la tierra en la noche por cuatro perras. No hay por qué quejarse de nada.

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10 respuestas

17 12 2009
Leticia

Hallo Diego! Luna!! Du hast es geschafft ein blog inhaltsreich und poetisch zu schreiben! Es freut mich sehr dich, deine Wahrnehmung lesen. Mach’s gut! xx le

17 12 2009
Luis Pablo

Diego:

Qué buenas sorpresas trae la vida. La verdad es que he disfrutado muchísimo los dos posts de ‘El este es rojo’. No tienen nada que ver con aquéllos textos que te leía en Miraflores de la Sierra. Brindo por la experiencia que todos estos años nos han traído. Por acá te leo.

Saludos desde México.

Luis Pablo

17 12 2009
Chicho Terremoto

¡Me imagino la cara del chino y tú intentando explicarle! jajajaja
Pero al final lograste lo que querías. Qué mejor país para aprender lo que es perseverar…
¿¿He oído Miraflores de la Sierra?? Bonito pueblo, buena gente… ¡y grandes fiestas!
Cuídate figura!

18 12 2009
Marisa

…me encanta Dieguito, espero el próximo. Besos.

18 12 2009
Beltran

Muy interesantes los posts Diego!! un fuert abrazo desde Belgrado!

22 12 2009
Jianfeng

Está muy chulo el blog, dando un punto de vista tan personal y vivido al día. Al final parece que estás moviéndte mucho en Bici:).
Nada más para complementar la información sobre rendir respetos a los antepasados. En China, igual que en España, hay fechas para ir al cementario, como el 15 de marzo, 15 de julio, y antes del año nuevo chino, todo en calendario lunar. Es mejor ir al cementario, en caso de no, encender monedas de otro mundo en los cruces por la noche es otra alternativa. Dicen que también está sufriendo mucho la inflación al otro lado, y en los puestos puedes encontrar esos billetes en millones.

27 12 2009
Cristiano

Diego,
Hace casi 5 meses que volví de China y lo que hecho de meno es exactamente la frustración. No por si misma sino por la unicidad que ella te da en sentirte en otro mundo, mucho mas diferente de todo lo a que estas acostumbrado.

No te preocupes demasiado por la lengua, estoy super seguro que conseguirás muy pronto un nivel de satisfacción y seguirás mejorando. Estoy también seguro que con esto no te dejaras sajar toda la frustración creativa de vivir en una tierra tan intrigante cuanto diferente.

Me alucina también leer tus descripciones de sitios que conozco. Me das la posibilidad a vivir allí otra vez, y con ojos mas grandes en esta segunda llegada…

Gracias y feliz navidad a ti y a los otros huésped de este blog.

12 01 2010
Pedro

eh diego, soy pedro, de parís; te he leído, sigue con tu blog, se lee cojonudo (pienso: qué tío! beijing! qué huevos!). el sábado me voy de viaje por áfrica occidental, pero allá donde vaya trataré de leerte alguna vez. un abrazo

22 01 2010
Giovanna

Caro Diego, he leido tu blog muy apasionatamente con el ayuda de Enrico.
No tenia duda alguna: escribes muy muy bien de verdad…Espero que te lo van a publicar e que el gobierno chino no te va a censurar.
Estoy contigo, espero pronto tus noticias.
Un abbraccio fortissimo
GIOVANNA

25 01 2010
Corona

Esperando el próximo. Un beso desde Sevilla

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